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sábado, 27 de julio de 2013

Desde mi ventana



Él no tenía ni idea. Me encanto ver su rostro tan expresivo y su cara de sorpresa. A mí no me gustan las sorpresas, pero me encanto sorprenderlo a él, fue perfecto, tal y como lo imagine. Su rostro, su sonrisa, su mirada, su voz, su calma.
Yo no dije nada simplemente lo abrace cuando lo tuve cerca y le dije:
–Me da gusto verte.

–Estas bellísima – dijo el – ¿Cuándo llegaste? – quiso saber
–Gracias­–  le respondí sonriendo, mirándolo a los ojos, creo que si yo fuera del tipo que se sonroja, me habría sonrojado. Respire profundo, casi suspirando, y le conteste:

–Llegue hace apenas unos días, todavía tengo problemas con el cambio de horario, pero tenía ganas de saludarte –
–No sabía que vendrías, ¡esto sí que es una sorpresa! – Dijo – y yo pidiendo que volvieras, deseando que volvieras – agrego

Él se frota los ojos
–No puedo creer que estés aquí, yo te hacía, por allá, tan lejos. ¡Estas bellísima!, ¿tienes algún teléfono o PIN donde pueda ubicarte?

–No. no tengo, pero puedes enviarme un mensaje privado cuando quieras
–Me encontraste en un buen momento, estoy bien calmado, hoy fue un día sin stress,  tengo tiempo, aunque para ti yo siempre tengo y tendré tiempo. Es más, mi tiempo es tuyo, todo tuyo.

Yo sonrío más por dentro que por fuera, me da gusto verlo, está igual a como lo recuerdo.
–Yo hoy estoy un poco apurada, además de completamente desorientada, como zombi con el cambio de horario, pero ya encontrare el tiempo para que nos sentemos a tomar un café y conversar. –le prometí

–Seguro, cuando tú quieras – dijo acercándose para abrazarme
Temo que si lo dejo no vaya a soltarme, a dejarme ir. Siento como los latidos de mi corazón se disparan.

Debo irme, me esperan – le digo manteniendo la distancia, la espalda lo más recta posible y la frente en alto
–Si lo entiendo, pero antes que te marches dame un abrazo – me pide, caminando hacia mí y abrazándome fuerte antes de que yo pueda responder y dándome un beso en la mejilla que por unos centímetros no fue a parar muy cerca de mi boca.

En su abrazo pude sentir sus ganas de adueñarse del olor de mi piel. Sentí su completa sorpresa de tenerme tan cerca de él y sus ganas de besarme en la boca.

Desde mi ventana, las cosas se ven tan distintas, aunque la vista parezca ser siempre la misma. Todo cambia. Por primera vez todo salió como imagine, yo también estoy sorprendida. ¿Sera que así debe ser?, el hablo más que yo, se alegró tanto de verme. Yo me quede pensando en la vista desde mi ventana y en todos los cuentos que nunca le conté por temor a sonar como una loca, o muy vulnerable o peor que él se los creyera todos, los hiciera suyos, y se adueñara de la vista desde mi ventana. El me hace sonreír y eso es algo bueno. La vista desde mi ventana, me recuerda que estoy en un lugar mágico, donde todo es posible, donde no todo está escrito y todavía se pueden escribir grandes historias.

Cuentos de Alicia

lunes, 15 de julio de 2013

El príncipe sapo

Cuenta la leyenda que hay que besar muchos sapos para encontrar a un príncipe

–Regálame un beso princesa – me pidió  

–Yo no soy una princesa y la última vez que bese a un príncipe se convirtió en sapo.
–Eres bellísima princesa,  regálame un beso – insistió

–No insistas, no me llames princesa. Yo le entregue mi alma en un beso a un príncipe, pero él se convirtió en sapo cuando me entere que mientras yo soñaba con sus besos y sus caricias él se encontraba con otra mujer. Después de eso no volví a ser la misma, no me reconocía ni en el espejo, comprendí que no todos los cuentos tienen finales felices, que la verdad puede ser cualquier cosa y muchas veces deja de tener importancia. La verdad simplemente es lo que mejor te ayude a dormir por las noches, eso y la botella de vino tinto que me ayudo con el insomnio y el dolor intenso en mi corazón.
–No todos los hombres son iguales, a mí también me traicionaron en el pasado y no por eso dejo de creer en el amor o pienso que todas las mujeres son iguales. Tú no eres como nadie que yo haya conocido jamás.

–Eres un romántico, un soñador, me encanta eso de ti. No fue un hombre quien me traiciono, fue mi propio corazón. Creí haber visto el amor en sus ojos, creí haberlo escuchado en su voz, pero lo que vi fue mi amor por él reflejado en su mirada. Él nunca me amo, mi príncipe se convirtió en sapo y yo no volví a pensar en él de la misma manera.
–Regálame un beso princesa,  yo no soy como el príncipe sapo, yo no me tomo los besos a la ligera, yo no te besaría y luego me iría con otra, no te traicionaría como si un beso no significara nada. Desde que te vi la primera vez solo pienso en una cosa: En despertar con tu sonrisa todos los días.

–Eso debe ser lo más hermoso que me han dicho en mucho tiempo –le confieso
–Ojala sintieras tú lo mismo que yo siento – hay un tono de súplica en su voz

– ¿Que sientes? – le pregunte armándome de valor
–Quisiera abrazarte muy fuerte y nunca soltarte, me fascina como hueles. Me gustaría complacerte en todo lo que me pidas, contarte todos mis secretos, tomarte de la mano y susurrarte que te quiero al oído.

– (woooohhhh) ¿Señor está usted coqueteando conmigo? – le pregunto en broma – ¿Qué te parece si vamos lento y comenzamos siendo amigos? – agrego
– ¿Amigos? ¡Amigos somos desde hace tiempo!, ¿que no te has dado cuenta? – pregunta el extraño de Lecherías

Enamorarme de él sería tan fácil, lo pienso pero no se lo digo para no entusiasmarlo. Sólo sonrió en señal de respuesta. El amor no se puede apurar, así como los besos no se piden, los besos se dan o se roban, si tienes que pedirlos (suspiro) es que ya sabes la respuesta.
Me despido de él dándole un beso en la mejilla y diez minutos más tarde me envía un mensaje que dice:
¿Fui un tonto, no es cierto? ¡He debido darte un beso cuando tuve la oportunidad! La próxima vez que te vea, que te tenga enfrente, no perderé el tiempo, no te pediré permiso, simplemente voy a besarte y será como esos besos en las películas, intensos, apasionados. Eres bellísima princesa y yo….
… yo estoy completamente enamorado.

Creo que este el comienzo de una hermosa amistad, me dije a mi misma mientras borraba su mensaje sin tan siquiera contestarlo, pero la sonrisa en el rostro no se me borro en toda la noche.